miércoles, 14 de abril de 2010

Qulmeño


Pensando en poder dejar de pensar.

No se trataba de buenos a malos perdedores, se trataba de alguna lágrima que se escapó cuando no pudo dejar de pensar.

Estaba ansioso poder caminar tantos pasos prometidos, por poder mirar al amigo que siempre lo acompañaba y abrazarlo sin medir la fuerza.

Leyó en su celular que otro amigo le decía que el tiempo pone las cosas es su lugar.

Y pensaba en lo arbitrario del tiempo.

Pero no era momento para filosofía barata.

La lluvia daba el toque justo para que la noche acompañe el momento.

Coherencia pura.

Se había olvidado del ruido de su propio dolor, del sabor bien salado de sus lágrimas y se sintió extraño al revivirlo.

No es merecido murmuraba y seguía sintiendo.
Necesitaba dejar de sentir por un rato.

La mirada bien perdida se parecía a la alguien que sufre por amor.

Evidentemente era eso... sufría por amor.

domingo, 7 de febrero de 2010

Suficiente


Con algunos vicios de oscuridad miraba hacia una pequeña luz llena de inspiración.

Una luz bien pequeña, una luz difícil de apagar.

Pero siempre había peros.

Pero siempre creía en los peros.

Repito, esa lucecita no se iba a apagar, pero irremediablemente estaba para iluminar otros caminos.

Afortunados esos caminos, esos momentos, esas mañanas.

La cronología de los hechos no ayudaba y estaba claro que por algo no es de día en todos los lugares a la misma hora.

Buscar las causas tampoco ayudaba y trataba de taparse los ojos, pero no... la luz cada vez más pequeña no dejaba de tener una extraña intensidad.

Se conformó con saber que esa luz existía...

jueves, 10 de diciembre de 2009

Luz


“Una luz de miel lo atravesaba todo”
COIFFEUR

Preguntó casi susurrando si en esa multitud había alguien.
Pensó que no, sin necesidad de escuchar una respuesta que nunca recibiría.
Tal vez el miedo de saber que había alguien la dejaba ubicada frente a la posibilidad de dejar de ser perfecta.
Frente a la posibilidad, aún más dramática, de que dejen de pensar que era perfecta. También pensó en escaparse de la multitud y el sur era una opción válida.
La montaña, lejos de la multitud.
Pero la multitud no conocía de lugares, se reproducía en su mirada y seguía acechando como el verdugo que no la dejaba ser.
Tampoco creía en luces mágica en algún lugar del cuerpo. Pero más allá de ser una incrédula miraba de reojo ante la remota posibilidad de encontrarla.
Lo prometido es deuda...

martes, 24 de noviembre de 2009

VERDE...


Existió en Buenos Aires un hombre que siempre despertaba con ganas de recordar el pasado de su recorrido nocturno por las calles angostas.
Repetía las historias que escuchaba y no les cambiaba una sola palabra.
Igualmente sentía que le pertenecían.
Después de una borrachera inigualable creyó escuchar que lo estaban persiguiendo pero no se dio por enterado.
Había historias que no lo entusiasmaban.
Pero esta historia existía tanto como las otras.
Después de unos días se sintió perseguido pero no estaba dispuesto a aceptarlo. Se esforzaba en pensar que no era una historia propia.
No se preocupó.
Cada vez se acercaban más.
Un verde opaco y desnaturalizado.
Una noche se acercó demasiado.
Cuando se dio vuelta no lo pudo esquivar, no lo quiso esquivar.
Sintió que se estaban equivocando.
Nunca se hizo cargo de la historia que no tenía ni un atisbo de sentido común.
Pero eso no importaba, lo empujaron en una historia que el nunca hubiera contado pero fue la única en que fue protagonista. Puede ser que la autobiografía sea una farsa.

martes, 1 de septiembre de 2009

Siempre gracias a dios


(...) Se enteraban de las pérdidas , de los desencuentros desinteresados, pero trataban de no perseguir las pistas. No creían en las soluciones momentáneas, pero un buen abrazo despertaba una cierta tranquilidad, por demás efectista. Cuando cruzaban por las vías del ferrocarril el Reo pensaba en lo autoritario de los caminos fijos, del acostumbramiento ante los que presentaban su poder de forma altanera. Le gustaba desviar el centro de discusión, no leía entrelíneas porque no tenía esa capacidad, pero cuando escribía algo sentía ese poder que tanto detestaba, en ese momento si podía desafiar al lector con historias dependientes de la historia. Nunca tuvo como meta pasar un tiempo en París escribiendo desde el lugar predilecto de la pluma que sabe narrar. No creía en los lugares que inspiran, creía en los lugares en donde la literatura cobra vida desde la transpiración. Tampoco creía en la necesidad de generar campos semánticos en torno al lugar en donde se disponía a matar el tiempo con algún que otro cuento. (...)


Fragmento de un fragmento de una fallida novela.

martes, 16 de junio de 2009

LuNes


“El olor del pasto recién cortado ante una larga espera”
Coiffeur


Un soplido a distancia logra desequilibrar a una araña de patas bien finas.
Lo pensó y un segundo después penso otra cosa.
Pensó en si sus piernas podrían correr el riesgo de perder el equilibrio ante alguna inocente mirada.
Pensó que no.
Pero sí.
En el momento menos pensado, en ese momento para el que nadie puede prepararse sus piernas flaquearon.
Pensó que era un leve espacio de tiempo, algo que pasaría sin rozar su mejilla.
Pero tembló ante la riesgosa posibilidad.
Cerró los ojos cuando creyó estar a salvo.
Los abrió de forma urgente y los cerró sabiendo ya que no podía hacer nada para que desaparezca.
Sólo quedaba hacerse cargo. Se sintió que caminaba por telas de araña.
Más que agradecido por la foto que sacó Jualián Elordi ( El Elor ), alumno del cads y futuro gran escritor...

miércoles, 20 de mayo de 2009

Sin rasgos específicos


Algunos ingredientes desesperados marcaron el camino que parecían querer esquivar. Una ráfaga de sonidos mal intencionados merodeaban por tierras ajenas. Preguntaban por los colores que faltaban, sonreían por las sensaciones aún no pensadas. Los pies de los sin rostro caminaban sin disimulo antes conversaciones que ellos nunca creerían. Su desconfianza nacía de su propia naturaleza. Creían que les mentían y mentían creyendo fuertemente en relacionas de causa y efecto. De un momento a otro retornó un poco de luz y los invitados taparon sus caras. El miedo no era sincero y los rostros iban palideciendo hasta llegar a parecerse, hasta lograr ser un ejército sin rasgos específicos.