jueves, 23 de abril de 2009


En modo silencioso

Miraba sin saber que lo estaban mirando.
Respiraba sin darse cuenta y contaba en voz baja las veces que había contado una historia que nadie conocía.
Siempre la había contado en silencio siempre la había pensado.
Ahora la contaba en voz alta, pero la soledad del momento dejaba en ridículo a la posibilidad de que esa historia viva en algún otro.
No pensaba en la muerte pero le temía.
El miedo lo invitaba a sentarse sin tomar conciencia del peligro de no ser.
Sus pies se enfriaban.
El anzuelo nunca tuvo carnada.
Miraba el mar sin buscar respuesta a la pregunta que pensaba.
Una ola lo distrajo.
Volvió a pensar en otra pregunta y en otra más.
Se durmió por diez minutos.
Había pique, aunque eso nunca le importó.
Gracias por la foto

viernes, 6 de marzo de 2009


Son las notas que nunca quiso escribir, pero se vio obligado gracias a demostraciones que no esperaba, a frases mal redactadas.

La ansiedad respiraba con calma, desmentía su forma de ser.

Una nueva mirada se encontraba con una espalda descubierta.

El calor hacía estragos en la noche que nunca planearon.

Lo improvisado resultó seductor y brindaron con miedos que ya existían.

Las palabras seguían saliendo y el temor por las consecuencias crecía con el pasar de los minutos. Las últimas miradas corrían el riesgo de no llegar a destino.

El mismo destino que no sabe de canciones que ya fueron escritas.

La letra era confusa y la melodía sonaba en forma tenue.

La luz del sol quería aparecer y la persiana sólo le daba un resquicio.

La persiana estaba vieja y no podía evitar que algún rayo se inmiscuya en conversaciones que no hablaban de la luna.


Muchas gracias por la foto...

miércoles, 28 de enero de 2009

Sirven las melodías


Le pareció que se habían complotado. Ese perfume debe ser caro, pensaba sin dejar de olerlo por todos los lugares por los que se movía. Los discos también tienen perfume y las melodías marcaban su paso. El olor de las melodías es para unos pocos.

Había veces que no podía hacer entender el placer de una buena canción, de una letra que se puede escuchar una y otra vez sin el miedo de perderse en la rutina.

La otra noche escuchó que sus palabras salían sin apuro. Palabras que sin fuerza golpeaban sin piedad. La escena ya fue actuada. Miles de extras nunca lo sabrán, nunca sabrán de su condición. Algunos protagonistas defienden su incomparable tranquilidad. Otros actúan sin respetar la voz que grita acción. Tampoco respetarán cuando la voz grite… ¡Corten! No es necesario que esa voz suene. La mirada que se ausenta en la multitud bastará para que la obra haya concluido.

sábado, 24 de enero de 2009

A des-tiempo

Intentó no ser lo que terminó siendo y despidió a quien todavía no había sido recibida. La mirada se perdía entre ruidos que sólo hacían su trabajo. Despertó sobresaltado, la alarma le jugó una mala pasada. Esa mañana era ideal para dormir. Creo que olvidó momentos que nunca sabrá si eran olvidables. Recuerda otros que sí lo eran. Trató de despreocuparse pero no puso mucho empeño. Escuchaba una canción que escuchaba siempre y por un tiempo más la seguiría escuchando. Se molestó con un rayo del sol que lo desafiaba sin complejos. El desafío era muy difícil de sortear. Bajó la persiana, no iba a aceptar ningún tipo de pleito.
Durmió por la tarde.

martes, 28 de octubre de 2008

Itineraruis urbanus


Las miradas distraídas pretendían generar desconfianza.
Ante los tristes asistentes, escuché con placer el discurso de un hombre que prometía bienestar.
Las calles se multiplicaban y mi oído volvía a escuchar la cortina elegida para un momento de tan poca sofisticación.
Disfrutaba ante los comentarios que pretendían convencer a otras personas de que se puede. Me preguntaba a qué se referían, pero prefería no escuchar la respuesta. Por eso seguía caminando.
Después pude ver a hombres que tienen la cara marcada por el disgusto, esos hombres que solo se justifican ente la mirada extraña.
Su justificación carece de responsabilidad, generalmente hablan sobre sus miserias con gente poco conocida. No aguantarían opiniones encontradas.
Pero no terminaba ahí el camino un tanto urbano que sin planearlo se presentaba ante mí.
La plaza estaba vacía, los chicos ya no alquilan bicicletas, los bicicleteros te miran al pasar.Decido alquilar una bicicleta y la devuelvo a los veinte minutos. No sé si es porque dejé de ser un posible cliente o si es porque me tiran más los kartings, pero a tanto no me animo.
La plaza ya quedó atrás y el barrio se consume en las lucas semi apagadas.
La inseguridad no sabe de luces, pero me siento más seguro cuando las luces se apagan definitivamente.
De todos modos no hay que perder la perspectiva, y lo sigo diciendo después de muchos años. Esa frase bien negra me ilumina y en todo momento me justifica.
La vuelta estaba por terminar pero me resistía a no pasar por una librería. Siempre termino pidiendo un libro que ya sé que no está. Siempre me terminan diciendo lo mismo.
El domingo improvisaba.
Hacía tiempo que no pasaba esto.
Tenía que caminar.
El lunes dejaría la improvisación para los que saben.


Foto hurtada al Ambi

lunes, 20 de octubre de 2008

Poesía not dead




Las palabras me salían como intrascendentes, los posibles amigables críticos me mentirían en voz baja, tratando de que no les crezca la nariz.
La preguntas brotaban.
La respuesta con visos de justificación planteaban el romanticismo de la inspiración. Un amigo siempre me trata de ansioso y debe tener razón.
Pensé en marcar 2020 pero tenía miedo de que mi poesía se parezca a un mensaje de texto.

Marqué 2020.
Mi poesía no se parece a un mensaje de texto.
Mi poesía es inexistente.
El domingo por la tarde pensé que era muy pronto para una canción que no elegimos.
A veces es bueno dejar de burlarse del destino.
Me resisto a plagiar.
Dame poesía.

lunes, 13 de octubre de 2008

Voy a la cocina vuelvo al comedor




Los exitosos miran las trampas pasar.
Por momentos pretenden acercarse a la gente, sentirse uno más.
Después de un rato pierden la conciencia y hasta se sienten uno más.
Algunos lo piensan como un buen cable a tierra, otros se sienten infelices por tener tantas cosas. El comedor llamado “Lavando culpas” ya quedó atrás.
¡Qué rico estaba el guiso amor!
Ella estaba orgullosa por el olor a cebolla que por unas horas olería como una bendición después de haber ayudado en la cocina.
Pensar que hay gente que no tiene nada, piensan mientras uno de ellos escucha una canción que por casualidad suena en la radio ( las canciones suelen hacerlos pensar ).
Después de un rato ya se convence que no tiene la culpa de tener más que otros y aparte debe haber más de cien mil personas que tienen mucho más que él.
En ese preciso momento se empieza a sentir poca cosa, cien mil es mucha gente.
Y empieza a ser desdichado entre los poderosos.
Sube la ventanilla y una lágrima cae por su mejilla.
Su mujer lo mira sin entender porque llora sin el menor gesto de tristeza.
Debe ser que todavía huelo a cebolla, piensa mientras se pone los lentes oscuros y cierra lentamente los ojos.